El 2 de febrero de cada año es el Día Mundial de los Humedales. Desde 1997, todos los años organismos oficiales, organizaciones no gubernamentales y grupos de ciudadanos de todos los niveles de la comunidad han aprovechado la oportunidad para realizar actos y actividades encaminados a aumentar la sensibilización del público en general acerca de los valores de los humedales y los beneficios que reportan en general y la Convención de Ramsar en concreto.

Este año, el lema “Humedales y cambio climático” nos propone prestar atención a esos dos aspectos que son centrales para nuestra gestión y que nos preparan para enfrentar los desafíos del calentamiento global.

Los humedales —de diverso tipo: lagunas, mallines, turberas, bosques fluviales, esteros, bañados, marismas, entre otros— contribuyen de un modo fundamental al desarrollo sustentable al proporcionar bienes y servicios ecosistémicos esenciales para la naturaleza y las personas. Nos brindan agua y alimento, albergan una gran biodiversidad y nos ayudan a enfrentar fenómenos extremos como inundaciones y sequías, cada vez más frecuentes como consecuencia del cambio climático.

Reconocer el rol de los humedales en el sostenimiento de la diversidad biológica, la purificación del agua, la retención de los excesos hídricos, el almacenamiento y la absorción de gases de efecto invernadero nos permitirá incrementar nuestra resiliencia para enfrentar el cambio climático, que ya es una realidad. Tenemos que asumir además que hemos suscripto al Acuerdo de París, que los humedales desempeñan un papel regulatorio contra los efectos del calentamiento global y que esto puede revertirse con acciones concretas de mitigación y adaptación al cambio climático.