POR MARÍA D. LEÓN

Lo que inició como una estrategia meramente militar al finalizar los años sesenta denominado Arpanet, en la actualidad, tras varios ajustes y transformaciones, se ha convertido en una de las herramientas fundamentales en cualquier disciplina y área del acontecer humano: Internet.

En todo momento la conectividad que ofrece mediante cualquier dispositivo nos ha vuelto dependiente de su operatividad. “Las tecnologías son prolongaciones o extensiones de los sentidos del hombre”, refirió en 1964 Herbert Marshall McLuhan. El sociólogo canadiense avizoró la dependencia que tendríamos de las nuevas tecnologías apenas dos años antes de que se patentara la fibra óptica (1966), y cinco años después (1969) de que se diera a conocer el alcance que empieza a tener en interconectividad Arpanet.

Lo países europeos fueron los primeros en incursionar en la digitalización de todo su acervo histórico y tras varios años de trabajo continuo, en la actualidad, ofrecen al mundo el acceso a su historia desde cualquier punto del mundo.

En México se hacen esfuerzos por ingresar a la digitalización de su documentación, para hacerla más asequible y difundirla en toda la red informática, como es el caso del Centro de Apoyo a la Investigación Histórica de Yucatán que contrató los servicios de la empresa Janium para la digitalización de 4,287 documentos de su patrimonio bibliográfico, que abarcan el periodo entre 1513 a 1978. Esta determinación, permite la masificación del conocimiento de la cultura maya, sin necesidad de recurrir in situ para la conformación de investigaciones no sólo de los historiadores, sino de cualquier persona que cuente con un dispositivo electrónico con conectividad a Internet, sin embargo aun falta por digitalizar mucho material en los diferentes centros de investigación histórica y documental de México.

El instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), también ha incursionado en la digitalización de sus miles de archivos y de todo su acervo que ya se puede consultar en su página web.

El hecho de contar con una amplia red de centros de documentación, permite tener un acceso más directo a sus archivos sin tener que preocuparse por el desplazamiento humano y en especial porque es ya la herramienta que usan los historiadores más jóvenes.

Dice Carlos Barros, catedrático de la Universidad de Compostela que “el valor creciente de Internet en la academia, y el uso de elementos de inteligencia artificial por parte de los buscadores hace de estos instrumentos un medio más eficaz que los tradicionales (incluso para buscar citaciones de publicaciones) para medir el impacto global de un concepto, obra, corriente o autor.

El constante avance en las nuevas tecnologías nos obliga a replantear los paradigmas de la comunicación en cualquier ámbito de la sociedad. En el caso del quehacer historiográfico, las herramientas que ofrece el Internet se convierten en la parte medular de la investigación, el aprendizaje y la enseñanza. Los historiadores van convirtiendo el uso de estas tecnologías en una parte sustancial de su trabajo. De ahí la importancia, primero, de conocer el uso que debe de darse a la comunicación digital y segundo la forma en que se debe compartir esa experiencia.