POR XICOME MAZATL

 

Como la mayoría de nosotros sabemos, a la llegada de los invasores, principalmente de los frailes, se comenzó a desvirtuar el Nahualismo, un conocimiento heredado y que ninguna otra cultura encontró como los abuelos Toltecas en el estudio de nuestra cosmovisión. Los pueblos originarios de México, hasta nuestros días, siguen siendo extranjeros en nuestra propia tierra, esto me recuerda lo que una vez el hermano zapoteca Javier Castellanos dijo: ser indio no es una elección, es una desgracia, aunque yo agregaría: pero ser no indio es una verdadera tragedia.

Para ser un hombre de conocimiento, se debe desafiar y derrotar a cuatro enemigos naturales: el miedo, la claridad, el poder y la vejez.

El primer enemigo natural es el miedo que indujeron a los pueblos originarios desde la invasión al Anáhuak. El soldado Bernal Díaz del Castillo describe: “cuando llegaba la noche, los españoles no salían de su cuartel por miedo” y agrega que nuestros antepasados tenían el pelo hasta los tobillos, se pintaban el rostro pero tocaban una música que como él afirma: “nos enchinaba la piel”.

No obstante, llegará el momento en que se retire tu primer enemigo cuando dejes los apegos para no generar dolor. Hay que aclarar que este conocimiento no se debe mal interpretar, pues recordemos que nuestros antepasados no predicaban la pobreza, la vagancia, la pereza. Los abuelos nos han enseñado siempre que debemos de tener lo suficiente en todo lo que hagamos por ser el mejor. Haz con amor todo lo que te toque, pero también para que no llegue este enemigo natural “el miedo”, recuerda que todo es prestado por un tiempo.

El segundo enemigo natural, la claridad, pues los abuelos dicen que la claridad de mente puede cegarte por la fuerza a no dudar de él mismo. Esa seguridad lo impulsará a ser cuanto se le antoje, porque todo lo ve con claridad. Pero la claridad es una ilusión de “poder” a la que puede rendirse; si lo hace, habrá sucumbido a su segundo enemigo natural y ya no podrá aprender, debido a su torpeza. Vendrá entonces el momento en que podrá comprender que su claridad sólo es “un punto delante de su nariz”, así habrá derrotado a su segundo enemigo. Habrá llegado a un punto en donde nada podrá dañarlo.

El tercer enemigo es el poder. Quien lo tiene es cruel y caprichoso. En la actualidad, la mayoría de las personas que no tienen el conocimiento se pierden sin siquiera darse cuenta; en todas las clases sociales, espirituales un hombre en tales circunstancias llega a la muerte sin manejar su poder al que tendrá que darse cuenta de que el poder no es suyo, y si logra comprender que sin control de él mismo, la claridad y el poder son terribles enemigos, llegará al punto en que controlará todo y sabrá entonces el momento y la forma en que deberá usar su poder.

Entonces el hombre estará al final del camino al conocimiento; “recordemos que no es lo mismo conocimiento que aprendizaje”, el conocimiento viene por tradición desde muchas generaciones atrás, aprendiendo de nuestros antepasados muchas veces experimentando con su propia vida y el aprendizaje se tiene en los libros y salones de clases. El aprendizaje es pasivo y todo es teórico y el único que te dará tu propia experiencia es el conocimiento y esa será tu realidad.

El último enemigo: la vejez. En este punto habrá perdido el miedo, su claridad ya no será impaciente, todo su poder estará controlado pero sentirá un deseo constante de descansar. Si se entrega al deseo de descansar y olvidar, arrullado por la fatiga, su enemigo lo volverá una vieja y débil criatura. Su claridad, su poder y su conocimiento estarán vencidos.

Si el hombre logra sacudirse la fatiga y cumple su destino hasta que llegue el final, podrá considerarse hombre de conocimiento.

Hay muchos caminos que recorrer en nuestras vidas, pero piensa que debes estar libre de miedo y ambición, entonces debes preguntarte si el camino que elegiste está dando respuesta a tus preguntas.

Cuando no se llega a controlar cualquiera de estos poderes naturales y el hombre llega a tocar tanto el mundo, se pierde la realidad de las cosas y se hacen crueles, rencorosas, celosas, envidiosas y se refugian en filosofías absurdas.