Perder la capacidad de escuchar resulta impensable para algunas personas, pero la realidad es que de unos años a la fecha se ha detectado una afección auditiva denominada Pérdida de la audición oculta, la cual se da principalmente por hábitos culturales y no tiene cura, afirmó Alfredo Vega Alarcón, especialista de la Facultad de Medicina.

Esta enfermedad, a diferencia de otras que involucran la pérdida de audición, no es detectable en audiometrías, y quienes la padecen refieren que, al interactuar con una persona son capaces de escuchar su entorno, pero no a su interlocutor que se encuentra a menos de un metro de distancia.

Sobre esto, Vega Alarcón señaló que la pérdida de la audición se da por factores asociados a la edad, por afectaciones en el desarrollo de la persona, pero también por factores genéticos que predisponen al individuo a padecerla.

Igualmente, destacó que esta condición se divide en conductiva, que es cuando el canal auditivo se obstruye, y neurosensorial cuando las células ciliadas se dañan por la exposición a ruidos fuertes o constantes.

“Ésas células están especializadas en recibir la información en el oído interno y la llevan al cerebro; cuando comienzan a dañarse se empieza a perder la capacidad auditiva y para esta situación no hay una cura”, dijo.

Para estos casos, mencionó que existen aparatos auxiliares, como los audífonos, con los cuales en una persona con este padecimiento se podrá corregir, “es como los anteojos para quien comienza a presentar una disminución visual”; sin embargo, a diferencia de su ejemplo, en la visión es posible realizar un trasplante y recuperar la vista, pero en el oído no, aunque hay implantes cocleares que le posibilitarán, por medio de un electrodo, tener audición.

“Estos aparatos, si bien son fantásticos y las personas logran desarrollar actividades sociales, no llegan a igualar la audición natural, y en el caso de la música percibirán un sonido de interferencia, pero sólo eso”, indicó.

Por otra parte, en la actualidad por el uso de nuevas tecnologías, principalmente para el entretenimiento, los jóvenes han desarrollado el hábito de utilizar audífonos la mayor parte del tiempo para escuchar música a un volumen no recomendado, y esta exposición continua afecta a las células encargadas de llevar la información sonora al cerebro.

ANTE LA FALTA DE UNA CURA, PREVENCIÓN

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el mundo hay aproximadamente 466 millones de individuos con alguna enfermedad que implica una disminución de la audición, misma que llega a ser discapacitante; de estos casos, 34 millones son niños y, estima que para el año 2050 sean 900 millones de personas que tengan algún padecimiento de este tipo.

En el caso mexicano, el Instituto Nacional de Rehabilitación calcula que poco más de 10 millones ha perdido, en diferente grado, la audición.

USO DE MEDICAMENTOS

Por otra parte, Alfredo Vega, alertó sobre el uso de medicamentos considerados ototóxicos, entre ellos la Amikacina y la Gentamicina, antibióticos que pertenecen al grupo de los aminoglucósidos, de amplio uso en nuestro país, los cuales están directamente relacionados en casos de pérdida de audición y equilibrio.

 

Agregó que la gente con predisposición genética a estos males, quienes consumen ese tipo de antibióticos vía oral o intramuscular, tendrán un problema en la pared mitocondrial de las células ciliadas lo que con el tiempo ocasiona su destrucción.

Finalmente, mencionó que si alguien comienza a percibir un zumbido constante, ruidos inexistentes o deja de escuchar a la persona con quien platica, pero percibe el sonido ambiente con cierta nitidez, recomendó acudir con los especialistas en este tema, los otorrinolaringólogos y los audiólogos, concluyó.

RECOMENDACIONES

Evitar en lo posible el uso de audífonos, y no excederse en los rangos de volumen recomendados, no usarlos más de una hora al día en el nivel seis o a 60 por ciento de volumen en cualquier aparato.

La OMS señala que 85 decibeles durante ocho horas sería el nivel máximo de exposición al que una persona puede someterse al ruido.