¿QUIÉN MIENTE?

Cuarta parte

Como si su orgullo u honor personal estuvieran en juego, como si la ley que hoy lleva su nombre  no fuera un soberbio fracaso, o como si los derechos humanos no fueran lo primordial en preservar, el gobernador Eruviel Avila se esmera aún en defender lo indefendible. Hoy queda claro que el ejecutivo estuvo poco pendiente en el protocolo de creación e iniciativa, ya que sus colaboradores o lo engañaron con patrañas de deli
ncuentes de cuello blanco o simplemente el gobernador fue omiso en una enorme responsabilidad.
Ávila Villegas puede decir lo que guste y tratar de ser objetivo con solicitarle a la legislatura mexiquense le obsequie un acto de inconstitucionalidad contra su propia ley para que la Suprema Corte determine el nivel de congruencia de un galimatías  del que hoy no pocos desean hacerse a un lado o marcar distancia.
Las lecturas de sus encuestadores enrojecieron al mandatario por confiar en seudo asesores y exhibirlo como un alentador de la violencia policiaca y no como un contenedor de actos irresponsables que violentan al género humano.
La Ley Eruviel es una melcocha que dice protege derechos e irrumpe violentamente al gusto de depredadores con uniforme y licencia para matar.
Entre recular con humildad y mentir con soberbia existen diferencias dignas del análisis sicológico; defender lo indefendible solo se plantea en la mesa de los clanes, de los que conspiran de forma maligna y han hecho de la democracia naciente un paria, para adoptar a la partidocracia como sistema repugnante del desarrollo garante de la sociedad.
Lo que diga o deje de decir la Suprema Corte de Justicia de la Nación con la Ley Atenco o Eruviel, no será lo de menos, porque ya sabemos quienes pretenden, con garrote, controlar el derecho constitucional a manifestarse; entonces…QUIEN MIENTE?