POR XICOME MAZATL

“Siéntate aquí, hijo” dijeron mis respetables abuelitos. “Hoy te contaremos lo que nuestros amados antepasados nos dejaron para transmitirlo a las nuevas generaciones: la leyenda de Quetzalcóatl, ese gran señor que recibió el grado de Topilzin (nuestro noble señor). Dicen que nació en el año Ce Akatl (uno carrizo) año 843 y que sus restos están en la actualidad en Amatlán de Cuauhnahuac, hoy estado de Morelos”.

La leyenda cuenta que viajó a Miktlán en el quinto sol para restaurar la raza humana a partir de los huesos de aquellos que murieron en épocas anteriores; “los huesos son como las semillas, todo lo que se muere se deposita en la madrecita tierra y de ahí surge la vida nueva en el ciclo de la existencia”, agregaron mis abuelitos.

Entonces, Quetzalcóatl se acerca a donde habita la señora Miktlan Zihuatl y el señor Miktlantekutli, esa dualidad en la que creemos todos los habitantes de Anahuak y Quetzalcóatl dice: “he venido por los huesos, los preciosos huesos de jade; con ellos puedo poblar la tierra”; sin embargo de mala forma Miktlantekutli dio su consentimiento: “puedes quitarnos lo que tanto guardamos con cuidado, te lo daremos con una condición, que pases cuatro veces alrededor nuestro y soples con esta concha (atekokolli)”.

Quetzalcóatl sabía que tenía que actuar con rapidez para tomar los huesos, porque tal vez se trataba de una trampa; Quetzalcóatl comenzó a correr, pero lamentablemente el señor del Miktlan ordenó hacer un pozo en el camino donde Quetzalcóatl pasaría con todo y huesos, pero éstos no cayeron en el pozo y fueron pisoteados por una codornices y de ahí que haya seres humanos de todos los tamaños. Esto no ha funcionado bien, dijo el señor Quetzalcóatl a su nahual y recogió los preciados huesos; una vez más allá de la tierra muerta y junto con representaciones (mal llamadas dioses), los roció con su preciosa sangre, restaurando a la humanidad. Esto es lo que nuestros amados antepasados nos dejaron para que “tú hijo, se lo transmitas a las nuevas generaciones, para que la sabiduría y nuestra identidad no se pierdan; para que siempre recordemos que venimos de las seis culturas madre”, finalizaron.